miércoles, 12 de agosto de 2015

Marisa Mell, actriz austríaca (séptima parte)

Después de haber visto en la entrada anterior la propia autobiografía de Marisa Mell (Coverlove), en esta veremos los dos otros libros centrados en esta actriz: el redactado por su íntima amiga y compañera de estudios en su formación como actriz -Erika Pluhar, Marisa- y el escrito por un fan que intenta reunir todas las informaciones sobre ella -André Schneider, Die Feuerblüme-.

Marisa, de Erika Pluhar

 


El libro Marisa (1998) de Erika Pluhar ofrece informaciones sobre Marlies Moitzi, la persona que se escondía detrás de la actriz (y en muchas ocasiones, personaje) Marisa Mell. Una pequeña crítica: la ausencia de imágenes y de fechas en este libro, escrito por Erika Pluhar, compañera de estudios en su época de formación como actrices en Viena. Por ejemplo, uno de los primeros recuerdos que tenía Erika Pluhar de Marlies en su época del seminario de actrices, es que su amiga tenía novio, pero Erika Pluhar consideraba que Marlies no estaba enamorada. Marlies opinaba entonces: "No me gusta estar sola". Erika ya consideraba en los ensayos: "Serás una gran estrella". Marlies: "Sí, si no fuera tan vaga".

Erika explica cómo se produjo el cambio de Marlies por Marisa: fue haciendo un fuego de Pascua, tradición de la región natal de Marlies, Estiria. Entonces Marlies tenía el siguiente interés en cuanto a su carrera de actriz, diciendo: "Quiero hacer películas. Sólo quiero ser una estrella de cine". Durante varias etapas en su vida dejaron de saber la una de la otra, por ejemplo, durante la época en la que Marlies tuvo un accidente grave de coche. Tiempo después Marlies la llamó como si no hubiera pasado el tiempo: "Schatzerl (Cariñito), ¿Cómo estás?".

El libro es valioso, sobre todo, por dar informaciones de los últimos años en la vida de Marisa Mell, cuando su carrera cinematográfica fue diluyéndose. El reencuentro entre Marisa y Erika, así como una mayor relación, se produjo ya a inicios de los años 80, cuando Marisa planeaba grabar un single: se reencontraron en Colonia, había aumentado de peso y firmaba fotos de su época joven, cuando tenía otra figura. En esa época planeaba dar nombre a una línea de cosméticos, para conseguir dinero. Son años de problemas económicos, que le llevarán a no poder hacerse cargo de su piso en Roma. Otro de sus reencuentro fue a finales de los años 80: Marisa hacía en esos momentos teatro (algo que nunca le había gustado, decía que odiaba actuar en teatros metidos en sótanos), había perdido peso y recibía buenas críticas de sus trabajos sobre las tablas. En esos años, la autora de libro, Erika Pluhar, planeaba rodar una película sobre su época como estudiante de interpretación: Jarhgang.

En esa época Erika recibió el original del libro que después sería Coverlove: lo recibió en octubre de 1987, con el título Es muss nicht immer Sünde sein (No debe ser siempre pecado). Después de ver cómo empezaba el libro con su historia con Alain Delon, decidió no seguir leyendo.

Tras la vuelta de Marisa Mell de Roma, ésta estuvo un tiempo viviendo en un casa en los bosques de Viena en compañía de dos mujeres espirituales en contacto con la naturaleza, algo que despertó las sospechas de su amiga Erika. En esos años, y durante una comida con Erika en un restaurante, Marisa le dijo: "Soy vieja y estoy gorda. Necesito trabajo, odio el teatro. Quiero hacer películas". Un cambio importante fue cuando Marisa Mell preparaba la obra de teatro Dort und hier (Aquí y allí): entonces había dejado de beber (seguramente, también otros vicios que Erika Pluhar elegantemente silencia) y estaba más delgada. Dice que ya no creía en Dios.
Se acercaba el 52 cumpleaños de Marisa, en 1992, declarando Marisa a Erica: "He pasado 52 años durmiendo con Jesús, pero se ha acabado", explicando su peculiar relación con la religión católica. También por esos años se acercó al hinduismo, viajó a India y visitó al líder espiritual Sai Baba.

A inicios de 1992, y sin apenas tener dinero para poder financiar su entonces domicilio (un piso en el distrito cuatro de Viena), Marisa Mell supo que estaba enferma: nódulos en la garganta. Declaró a sus amigos entonces que la enfermedad había desaparecido rápidamente, pero era mentira: en el mes de abril de dicho año se descubrió que Marisa estaba muy enferma, y que no se lo había dicho a nadie. Estuvo ingresada en la habitación 6 del hospital Willhelminnen de Viena, y en su agonía medios alemanes ofrecían 22 000 marcos (unos once mil euros) por conseguir fotos de Marisa Mell moribunda. Erika Pluhar pidió al doctor que protegieran su intimidad y este se ofreció a pagar el tratamiento y que Marisa se quedara todo el tiempo posible en el hospital, pues entonces Marisa no tenía a dónde ir, al no haber podido mantener el pago de su último domicilio. 

Erika Pluhar visitó 13 veces a su amiga íntima Marlies/Marisa en el hospital: murió el 16 de mayo, a las 7:30 de la mañana. Su entierro fue en el cementerio de Kahlenbergerdorf, en los alrededores de Viena: sólo un pequeño grupo de personas acudieron a su despedida. La tumba de Marisa Mell fue sufragada por el sacerdote Andreas Laun, pues Marisa no pudo hacerse cargo de este pago. Al parecer, Marisa trabajó para él en las Navidades de 1991 como cocinera, para obtener algo de dinero. Eran famosos sus espaguetis, que había aprendido durante sus años viviendo en Roma.

 


Die Feuerblüme, de André Schneider


Die Feuerblüme (2013) ofrece muchas informaciones que completan la sesgada biografía de Marisa Mell. Un punto de inflexión en la carrera artística de Marisa Mell fue el fracaso de su incursión en el mundo del espectáculo de los Estados Unidos, en forma de musical de Broadway, con el papel protagonista de Mata Hari, a las órdenes de Vincent Minelli, en el año 1967. Fueuna obra fallida, con la que cosechó malas críticas, que tuvo un corto recorrido comercial, y que provocó en Marisa Mell una pérdida de confianza. Dos años antes había sucedido un hecho importante en su vida, que no menciona en su biografía: un grave accidente de coche que sufrió a finales de 1964 o inicios de 1965, por el cual llegó a estar varias horas inconsciente y que dejaría cambios en su imagen, al tener una nueva dentadura y como recuerdo una cicatriz en el labio superior. En muchas ocasiones es apenas imperceptible, pero en la siguiente foto puede verse esta marca distintiva del rostro de Marisa Mell.


Tal vez por ello, a partir del año 1971 rodó películas sobre todo para hacer dinero, bajando la calidad de muchos de sus trabajos. En ocasiones, mezcló amor y trabajo, al producir sus parejas entonces sus largometrajes, como fue Pierluigi Torri (Senza Via d'uscita, 1967), Espartaco Santoni (La encandenada, 1973; Pena de muerte, 1973; Infamia, 1974) o Gianni Macchia (Traficantes de pánico, 1980). Desde el año 1976 se menciona que la carrera de Marisa Mell se convirtió en una manera de conseguir dinero fácil, teniendo su último papel protagonista en cine en el año 1980 (La liceale al mare con l'amica di papà, Marino Girolami). En el año 1977 tuvo que hacer frente a un embarazo a los 38 años, con un mal resultado: no queda claro si el bebé llegó a nacer o bien lo perdió a los siete meses de gestación. Tampoco queda claro quién podía ser el padre de la criatura. Aquí puede ver una foto de ella embarazada.



Los años 80 son difíciles en la vida de Marisa Mell y de ellos faltan algunas informaciones. Como consecuencia del paso del tiempo, de la falta de trabajo y de no ser la estrella del cine que fue en los años 60 y 70, fue su época de excesos tanto con la comida, el tabaco (cuatro cajetillas diarias), el alcohol, la cocaína, la morfina, etc. Salió de vicios como las drogas y el alcohol en el año 1990, esperando trabajos, antes de que su muerte llegara en el año 1992. Con el inicio de los años 80 bajó su ritmo de trabajo y tuvo que hacer varios trabajos alimenticios, como llegar a posar desnuda para diferentes revistas (en España, apareció, por ejemplo, en Interviú o PEN, en otros países, para Le Ore, Cronica Italiana, Playboy o High Society). De estos años consta también su participación en una película pornográfica, con doble de cuerpo para las escenas de sexo en el año 1983 (Corpi Nudi, Amasi Diamani).

Como consecuencia de esta falta de trabajo llegó a aceptar grabar en 1981 un curioso single: Lady O./Slave of love. El plan era grabar un disco, pero la poca repercusión de esta rareza discográfica hizo que no se llegaran a grabar más canciones con la voz de Marisa Mell.


En el año 1983 volvió a subirse a las tablas como actriz de teatro, algo que no hacía desde su fracaso en Broadway, con la obra Das Eheterzett por varias ciudades alemanas. En estos años repitió para el teatro, con piezas como How the Other Half Loves (Vienna English Theater, 1986), Orvieto (1990), el monólogo Dort und Hier (1991), Love Letters (1991). Entre 1986 y 1989 fueron años difíciles, pues no trabajó como actriz, centrándose en su labor como pintora, teniendo una exposición en su ciudad natal, en la oficina central de Correos en el mes de marzo de 1988, con el título Marisa Mell: Gemälde. Fueron, sin embargo, años de dificultades económicas. Por ejemplo, a la muerte de su madre en 1986, su amigo el actor Helmut Berger movió los hilos para conseguir dinero y que Marisa pudiera ir a su ciudad natal, Graz, para poder despedirse de su madre.

Del libro Feuerblüme pueden extraerse algunas informaciones de la relación entre Marisa Mell y España. No consta que hablara el español (sus películas españolas fueron coproducciones rodadas en inglés), frente a sus buenos conocimientos de italiano y francés, además, claro está, del inglés y el alemán. Si bien si pasión fue siempre Italia, se sintió identificada con la cultura española, su gusto por la cocina gallega, el flamenco, los toros (consta que asistió a corridas de toros en diversas ciudades españolas, como Alicante, Málaga o Madrid), si bien abandonaba su asiento cuando el torero mataba al toro. En sus primeros viajes a España solía hospedarse en el Hotel Monte Real de Madrid (en la zona de Puerta de Hierro), si bien después dispuso de un piso propio en Madrid.


De su muerte, bien documentada en el libro Marisa de Erika Pluhar, dice el autor de Feuerblüme que se debió a cáncer de laringe y que en sus últimos meses de vida Marisa intentó hacer frente a la enfermedad visitando gurús, cursos de meditación, escuchando mantras, etc.

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