No es que me haya puesto
nostálgico y diga: Ay, qué recuerdos de las tardes con Con las manos en la masa, con los famosos cocinando y esa sintonía de
Vainica Doble (Joaquín Sabina se limitó a cantarla; se desechó usar otra
canción de Vainica Doble, La cocinitamágica) “siempre que llegas a casa,
me pillas con la vecina en la cocina, embadurnada de harina, con las
manos en la casa...”.
No. Es que gracias a los vídeos
del Archivo de RTVE se ve que Con las
manos en la masa engancha: duración perfecta (30 minutos), bien realizado,
con el encanto de que el fuego está demasiado alto, etc. Pero, sobre todo, la
gracia, encanto, naturalidad, etc. de Elena Santonja, una mujer que es mucho
más que “aquella” que presentaba Con las
manos en la masa. Se aprendía un montón con ella: palabras de léxico de la
cocina y de los alimentos, de orígenes de alimentos, etc. Canturreaba también
cuando venía a cuento y cuando no. Y nada de que Elena se luciera de
conocimientos: los añadía en su momento, improvisando y como quien no quiere la
cosa...


