- Naciste en Ciudad Rodrigo (Salamanca). ¿Qué relación guardas con tu ciudad de nacimiento?
Allí viví hasta los 19 años, que me
fui a estudiar a Salamanca. Según pasan los años, los recuerdos se acentúan.
Conservamos la casa familiar, aunque apenas voy una vez al año. Todos mis
amigos de entonces viven fuera de allí y de vez en cuando nos encontramos.
- ¿Hay antecedentes artísticos en tu familia? ¿De dónde viene tu interés por la interpretación?
Mi abuelo tocaba el laúd y la
bandurria… Jajaja. En realidad, creo que el sueño frustrado de mi padre hubiera
sido ser director de orquesta. Él me educó en la música clásica. Podía
escucharse una sinfonía entera con una batuta en la mano. Desde niño me gustaba
jugar a situaciones y momentos imaginados, jugar a ser otro, que en realidad no
dejaba de ser una forma interpretación.
- Si no me equivoco, estudiaste en la Universidad de Salamanca. ¿Qué carrera? ¿Tenías contacto con la interpretación en tu época de estudiante universitario?
Me matriculé en la Facultad de Medicina.
No había tiempo entonces para otra cosa más. Bastante interpretación era hacer
creer que estudiaba...
- Cambiaste Salamanca por Madrid en el año 1984. ¿A qué se debió ese cambio? ¿En qué se parecía y diferenciaba el Madrid de los años 80 de la Salamanca en la que estudiaste?
La medicina me gustaba, pero quizá
quería ir por delante del tiempo que me tocaba. Me aburría y los horizontes se
me quedaban demasiado cerca. Vine a Madrid y tras unas pruebas de redacción y
micrófono, empecé a trabajar en Radiocadena Española en el magazine de la
mañana La calle de la radio. Llegué
en plena “movida”. Fueron unos años fascinantes, se vivía el cambio cultural,
la apertura de miras, la tolerancia. En provincias, se hablaba de todo aquello,
pero apenas se vislumbraba.
- No he encontrado referencias a un papel tuyo, al parecer protagonista, con el que te estrenaste en cine, en la película coreana Gipsy Enma (짚시애마, Lee Suck-ki, 1990). Danos más información de esta película, por favor.
Y mejor que no las encuentres…
Jajaja. Aquello fue algo muy divertido, pero surrealista. Se trataba de una
saga de uno de los más importantes productores y directores coreanos. Cada año
hacía una, y esa la ambientó en España. Confluían todos los tópicos: chica
guapa (coreana), torero, gitanos flamencos, amoríos… El resultado fue un
espanto, pero en Corea un rotundo éxito. Estuvimos 20 días en Seúl haciendo la
promoción y no podíamos ni salir a la calle. Lo más surrealista es que
secuestraron el máster y pidieron un rescate por él.

