He caído en este tema gracias a Baccara (bueno, uno de los esquejes), a las que han modernizado su Yes sir I can boogie el grupo Sala & The strange sounds. Aquí está
la muestra.
Me meto en terrenos un poco pantanosos, porque la verdad es que los
conceptos de diva + cañí no son de lo más in
y no se sabe muy bien dónde se cierra y abre las fronteras para calificar a
una persona, mujer cantante (y/o actriz) diva cañí. Por cierto, diva no es más
que artista de fama superlativa (definición que parece hecha por divos
académicos) y cañí, persona de raza gitana. Aquí uso cañí como todo eso que
engloba como de aquí, lo nuestro (otro
terreno pantanoso...).
El ejemplo que hemos tenido últimamente ha sido con la muerte de Sara Montiel, SúperSara para unos cuantos y Sarítissima
para otros. No eres nadie en este país si no tienes un apodo o sobrenombre. Se
me ocurren ahora La Faraona para Lola Flores, o La más grande para Rocío Jurado
o La tanqueta de Leganitos para Massiel. Las otras protagonistas de hoy no
llegan, si seguimos este supuesto, a la categoría de diva con sobrenombre (por
orden alfabético, para que no haya piques entre ellas: Raffaella Carrà, María
Jiménez, Karina, Isabel Pantoja, Encarnita Polo).
