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jueves, 6 de junio de 2013

Modernizando a una diva cañí



He caído en este tema gracias a Baccara (bueno, uno de los esquejes), a las que han modernizado su Yes sir I can boogie el grupo Sala & The strange sounds. Aquí está la muestra.



 Me meto en terrenos un poco pantanosos, porque la verdad es que los conceptos de diva + cañí no son de lo más in y no se sabe muy bien dónde se cierra y abre las fronteras para calificar a una persona, mujer cantante (y/o actriz) diva cañí. Por cierto, diva no es más que artista de fama superlativa (definición que parece hecha por divos académicos) y cañí, persona de raza gitana. Aquí uso cañí como todo eso que engloba como de aquí, lo nuestro (otro terreno pantanoso...).

El ejemplo que hemos tenido últimamente ha sido con la muerte de Sara Montiel, SúperSara para unos cuantos y Sarítissima para otros. No eres nadie en este país si no tienes un apodo o sobrenombre. Se me ocurren ahora La Faraona para Lola Flores, o La más grande para Rocío Jurado o La tanqueta de Leganitos para Massiel. Las otras protagonistas de hoy no llegan, si seguimos este supuesto, a la categoría de diva con sobrenombre (por orden alfabético, para que no haya piques entre ellas: Raffaella Carrà, María Jiménez, Karina, Isabel Pantoja, Encarnita Polo).