miércoles, 21 de mayo de 2014

Entrevista al actor José Lifante (primera parte)






1.                  ¿Hay antecedentes artísticos en tu familia? ¿Cuándo y cómo decidiste ser actor?
No, no pertenezco a una familia de artistas.

Estudié en el Colegio “Pedro Vila”, frente al Arco de Triunfo, en el barrio de Rivera de Barcelona. Era un colegio laico. Constaba de tres grandes edificios: el colegio de las chicas y la capilla a la derecha; la biblioteca, la sala de música y conciertos en el centro y a la izquierda el colegio de los chicos y el salón de actos, que creo que ya no existe. Y tres grandes patios donde jugábamos, por separado, en los recreos y al entrar o al salir del colegio. Siempre que paso por allí me traslado a mi niñez y lo contemplo con cariño.  

Dábamos diversas asignaturas, pero teníamos un profesor que era el tutor de cada curso. Cuando llegué a sexto, el profesor Sr. Salgado decidió que representaríamos una obra de teatro, de la Galería Salesiana, (las obras estaban adaptadas para chicos o chicas). Debuté en el teatro del colegio con la obra El verdugo de Sevilla de Pedro Muñoz Seca. Fue un descubrimiento mágico que cambiaría mi vida.

2.                  Te formaste como actor en Barcelona, en el Institut del Teatre y en la Escola d’Art Dramàtic Adrià Gual. ¿Hay algún actor conocido que estudiara contigo? ¿A quién te apetece mencionar que no sea tan conocido y coincidera contigo estudiando, o bien alguien que no haya seguido con la interpretación?
Sí. Me matriculé en el Institut del Teatre (entonces Instituto del Teatro, en la calle Elisabets) a los catorce años, edad mínima permitida. Y, durante tres años, estudié Arte Dramático. Conseguí el carnet profesional y el título de actor (en los años noventa me canjearon ese título de actor por un Título Universitario de Interpretación Dramática). En 1957, el Director del “Instituto del Teatro” era D. Guillermo Díaz Plaja, a quien cariñosamente llamábamos “Tío Güili”, sesudo hombre de letras, con varios libros imprescindibles en su haber, muy culto, y cachondo. La primera fila de la clase estaba reservada para las alumnas. Los chicos nos teníamos que sentar detrás. Su clase de Literatura siempre estaba llena. Era un excelente profesor.

Las clases de Declamación corrían a cargo de Dñª. Marta Grau (castellano) y de Dñª. Roser Coscolla (catalán) dentro de los límites más clásicos de la interpretación.

Un oasis de modernidad era la clase del profesor Bartolomé Olsina. Nos puso en contacto con todas las tendencias del teatro: Teatro No, Kabuki, Ópera de Pekín, Teatro americano: Eugene O´Neil, Constantin Stanivlansky, Vsevolod Meyerhold, Irvin Piscator, Bertold Brecht, Antonín Artau, Jean Vilar… Eran clases vivas que nos impulsaban a la formación y a la investigación permanentes.

Asistí a las primeras clases de la nueva Escola d´Art Dramàtic Adrià Gual, que había abierto sus puertas en el segundo trimestre de 1960, en la Cúpula del Coliseum. Me pareció muy interesante. Terminé mis estudios en el Instituto del Teatro y me matricule allí el curso 1960-61

A mis diecisiete años, con el Título del Instituto y con el carnet profesional en mis manos, me dispuse a seguir los cursos en la EADAG.

Allí empezó una nueva etapa para mí con el binomio Mª Aurèlia Capmany y Ricard Salvat. Mª Aurèlia era vital y entusiasta. Escritora, profesora de Filosofía, gran conocedora del Teatro. Ricard era más calculado , un trabajador incansable; había estudiado Dramaturgia en Alemania y poseía amplios conocimientos de las nuevas tendencias teatrales. Piscator y el teatro político. Brecht y el efecto del distanciamiento.

La EADAG tenía un cuadro de profesores muy atractivo al que se unió otra gran pedagoga Carme Serrallonga. Nos enseñaba, todos los días, Dicción y Ortofonía comparada, en catalán y en castellano. Amaba la Pedagogía y el Teatro. Hizo modélicas traducciones de grandes textos. Inolvidable.
 
3.                  Durante varios años de tu vida rodabas varias películas al año (¡hasta 8!), con papeles breves, es verdad, pero a eso se añade teatro y televisión. ¿Cómo lograbas combinar tanta actividad?
Hay años que rodaba hasta en diez películas y varios programas de televisión.
Y actuaba en el teatro. He trabajado muchísimo. Y he estudiado mucho. Tengo esa mala costumbre.

Las técnicas de trabajo son distintas en cada medio: el Teatro, el Cine, la Televisión, el Doblaje… tienen sus reglas claras. Y creo que las conozco y las domino. Pero siempre tienes que estar estudiando y preparándote para cada actuación, porque se plantean problemas diferentes. Nada es casual. Tienes que controlarlo todo.

Cierto que a veces saltas compaginando varios medios. Todo es una técnica de control. Tienes que saber exactamente dónde estás y aplicar tu experiencia.

4.                  Tal vez seas actor fetiche de algunos directores, al menos eso parece con las películas de Forges (País S.A. 1975 y El bengador gusticiero y su pastelera madre, 1977). ¿Cómo fue trabajar en estas películas? ¿Qué otros directores han repetido contigo y te consta que te aprecian?
Sí, he repetido con muchos directores. Pedro Lazaga, Jaime Chávarri, Jordi Grau, Antonio Drove, Pilar Miró, Ramón Fernández, Pedro Masó, Jesús Yagüe… Algunos me consideraban su actor fetiche. Pero lo cierto es que en todos los casos se establecía un sistema de complicidad para conseguir en la pantalla lo que se planteaba en los ensayos. Quería saber lo que tenían en sus cabezas y así conseguir acercarme a la imagen que buscaban. Es apasionante y cuando se consigue, es muy gratificador. Esencialmente en el Cine y en la Televisión. 

 
 
 
 
 
Con Forges (Antonio Fraguas) hice dos películas y un programa de televisión. Estaban preparando “País S.A.” y el maquillador José Antonio Sánchez, con el que había trabajado en otras películas, me citó en la productora para presentarme a Forges. Estaban buscando un actor para interpretar el papel de “Mariano, el hombre forgiano”. Me vieron y me dieron el papel. Luego vino “El bengador gusticiero y su pastelera madre”, un auto sacramental, las aventuras de un héroe manchego.

 
Y finalmente rodamos 24 horas aquí, guión de Froges y realización de Carmelo Barrera. Un programa especial de RTVE para celebrar los 25 años de funcionamiento del Ente. Las críticas de Forges, trabajador y conocedor de Televisión Española, fueron tan agudas y certeras que después de anunciar la emisión fue prohibida. Nos quedamos sin celebración de cumpleaños.


5.                  Se suele mencionar como algunos de tus trabajos más reconocidos los de No profanar el sueño de los muertos (Jorge Grau, 1974) y Patrimonio nacional (Luis García Berlanga, 1981). ¿Lo son? ¿Eres capaz de valorar más ciertos trabajos que otros o todos tienen el mismo valor?
Cuando ruedas una película nunca sabes qué va a pasar. Es una incógnita. Es una aventura. Todos los trabajos son muy importantes para mí. Yo tengo un cierto sentido trágico de la vida y pienso: “Si es mi último trabajo, que sea inmejorable”. El empeño es máximo. Luego los caminos de la vida colocan las obras en el lugar que ocupan.

La película de Jordi Grau, después de cuarenta años de su rodaje, mantiene su factura impecable. No ha pasado el tiempo. Sigue consiguiendo premios y homenajes. 

 

Luis García Berlanga ya había solicitado mi presencia en “La escopeta nacional”, me quería para interpretar al Ministro del Opus Dei, pero por compromisos ya aceptados no pude trabajar a sus órdenes. La ocasión llegó a los pocos meses. Con “Goyo”, el mayordomo de “Patrimonio Nacional” entré en la galería de los personajes berlanguianos. 

 
 
Con estos dos títulos, mi carrera de actor ya hubiera tenido sentido.

Pero hay otros títulos de películas y algunos programas de televisión, algunos Estudio 1, algunas series, que creo que merecían mejor lugar en el escalafón.
El chico de los Winslow de Terence Rattigan, dirigido por Jesús Yagüe (1982) o El obispo leproso, de Gabriel Miró, serie dirigida por José Mª. Gutierrez (1989). Por ejemplo.

 
6.                  Para muchos niños que crecimos en los ochenta eres todo un icono o ídolo, por haber participado en dos películas infantiles que marcaron a una generación: Tobi (Antonio Mercero, 1978) y Las aventuras de Enrique y Ana (Ramón Fernández, 1981). ¿Qué recuerdas de estos trabajos?
Sí. Dos películas de éxito. Que junto con el programa de Televisión Española La bola de cristal (Lolo Rico, 1984) me hicieron muy popular entre los niños. 

 
En Tobi aprendí cómo se debe trabajar con niños. Antonio Mercero, que es padre de varios hijos, sabía cómo tratar a Lolo García (Tobi). Todo era un juego divertido. Si el niño se cansaba cambiaba de juego o se iban a dar un paseo. Hay planos en la película que se rodaron sin que el niño lo supiera. Los planos tenía que ser de toma única. Los niños son muy listos y cuando se repite la toma, sin querer, anticipan las acciones.

 
Las aventuras de Enrique y Ana, fue un invento de Hispavox y Jet Films, llenó un espacio siempre agradecido, el de los niños. Canciones como Abuelito o Caca, culo, pedo, pis obtuvieron el éxito del público. Con un reparto de actores excepcional y un director que se las sabía todas, Ramón Fernández, la película batió todos los records. Fue un rodaje de muy gratos recuerdos. Yo, el tío Stanley llevaba a lomos a la camella Lola. Lola era muy suya y no le gustaba andar sobre la pinaza porque resbalaba, y aunque yo indicaba el camino, ella me subió a casa del abuelo por donde le dio la gana. Cualquiera se opone. 

 
En 1979, en el desaparecido Teatro Lavapiés de la calle Sombrerete, primero y en 1982, en el Círculo de Bellas Artes, después, puse en marcha La Campaña de teatro escolar. Con la asesoría de un equipo de profesores, representábamos obras de teatro universal. Los colegios llevaban a los chicos al teatro. Fue un intento de divulgación teatral para escolares que obtuvo gran éxito y prestigio gracias a la colaboración de muchos profesores, de muchos actores y directores. Pero que, a pesar de las excelentes críticas que nos dedicaron, no tuvo ningún respaldo oficial.
 
7.                  De tus abundantes papeles televisivos, además de El obispo leproso (José María Gutiérrez, 1989) o Cuéntame cómo pasó (varios directores, 2001-), en que otras series tus personajes han tenido continuidad en varios capítulos?

 
En muchísimas series. En los estudios de Barcelona: Hora 11. Ficciones, Novelas, Teatre catalá, A l´est del Besós, Estació d´enllaç, etc… En París: Josephine o la comèdie des ambitions, Los caballos del sol... En Roma: Mussolini y yo…

Y ya en Madrid: Lecciones de tocador, El orgullo de La Huerta, Media naranja, La bola de cristal, Clase media, Cómicos, El gran secreto, Sangre azul, Pedro I el cruel,  Crónica negra, Réquiem por Granada, El Quijote, La huella del crimen, Las chicas de hoy en día, Taller mecánico, Alta tensión, 3ª Planta Inspección Fiscal, Farmacia de guardia, Hermanos de leche, Los ladrones van a la Oficina, Villarriba Villabajo, Makinavaja, Turno de Oficio II, ¡Ay, Señor, Señor!, Oh, Espanya!, La banda de Pérez, La saga de los Clarck, El secreto de la porcelana, La casa de los líos, Abierto 24 horas, El marqués de Sotoancho, ¡Ala Dina!, Cazatesoros, El comisario, Aquí no hay quien viva, La sopa boba, !A ver si llego!, Cementerio de historias, Águila roja, La que se avecina, Frágiles y Amar es para siempre… entre otras.

8.                  Otro de los papeles por el que seguro que te preguntan mucho es, en este caso detrás de las cámaras, como actor de doblaje, dando vida a varios personajes de series como Colombo, El equipo A o sobre todo la serie Los caballeros del zodíaco. ¿Cómo llegas a este última serie? ¿Qué recuerdas de este trabajo?
En los años 80 hice mucho doblaje. Incluso estuve contratado fijo en los estudios Arcofón de Madrid. Imagínate la cantidad de películas y series que habré doblado.

El doblaje es muy atractivo. Se necesita retentiva, sentido del ritmo, buena dicción, conocimiento de los movimientos labiales para encajar el texto y un buen director de doblaje.

Recuerdo especialmente Los caballeros del zodíaco: muchos chavales me reconocían así que oían mi voz. La serie llegó al estudio Arcofón y el director repartió los personajes entre los actores contratados. Una serie que marcó una generación. Todavía existe un club de fans que se reúnen todos los años; a esas reuniones invitan a algunos de los dobladores de la serie.


 

1 comentario:

  1. Vaya, así que en 1957, en un centro oficial, se impartían clases de declamación en catalán... Cuántas mentiras nos han contado sobre el franquismo...

    ResponderEliminar