martes, 17 de noviembre de 2015

Niza. Con ganas de más. Por Amebaboy.



A finales de los 90, nacía en Madrid un joven dúo de música pop independiente que seducía desde el hemisferio del corazón. Sus melodías apuntaban directamente a lo emotivo, creando atmósferas de ensoñación y melancolía. Sus canciones invitaban a la reflexión dulce en un café parisino o disfrutando de un paisaje mediterráneo.     
 
 
Para quien no los conozca, tal vez la mejor forma de presentar a Roberto Martín y Silvia Sanz sea viajar a 2002, cuando Niza se encontraba en pleno esplendor. Sumerjámonos en uno de sus directos, donde brillaba la enérgica "Amor cúbico" con homenaje incluido al mítico verso "Chas y aparezco a tu lado" de Álex y Christina. En esta canción Niza recoge el testigo con reciprocidad, respondiendo "Hago chup y apareces tú":



Todo del sello discográfico Elefant está marcado por el buen gusto y la exquisitez musical, pero Niza es especial. Desde el primer momento, nos enamoramos perdidamente de y con su música. Como si fuera el grupo de nuestros sueños, Roberto y Silvia nos mostraron que el aire de empollones casaba bien con la fragilidad, que era posible componer canciones sutiles, realizar conciertos íntimos y sacar discos delicados con tu pareja sin perder la bella sensación de amateurismo; que era posible hacer las cosas bien sin traicionarse a uno mismo, sin convertir la emoción en una fría profesión.


Su primera aparición en el mercado data de 1999. El EP "Niza", amparado en una florida e inspiradísima portada de los diseñadores Rubenimichi, nos ofrecía el caramelo más refrescante del pop español de finales del siglo XX. "Niza", la canción que abría el disco y servía de carta de presentación, nos trasladaba a la bohemia francesa y a elegantes cafeterías de media tarde. La melancolía y la dulzura se acentuaban con "Estival", donde la pequeña voz de Silvia susurraba números franceses y nos cogía de la mano para volar por otros mundos más suaves. Las otras tres canciones eran más inmediatas, lo que les valió el calificativo de poppys; se trataba de melodías graciosas y divertidas, soñadoras y adolescentes, como correspondía a unos chicos en sus primeros veinte. Incomprendidos por la crítica, enseñaban una energía y una ingenuidad sabia que, pese a estar en la misma línea de otros grupos de pop en castellano del momento, con el tiempo les valdría para conseguir su espacio propio.


 
El segundo EP, "Topolino" (2000), anunciaba el crecimiento y la madurez del dúo, al tiempo que mostraba una evolución increíble hacia la serenidad. Las tres canciones, más escuetas y contenidas que las del anterior disco, se convertirían en una joya para los coleccionistas. Con "Por las tardes", un single magnético que seducía por su redondez perfecta, Niza daba varios pasos adelante y se consagraba como promesa lenta y segura del pop. En su aparente fragilidad se cifraba su fortaleza, el encanto de dos chicos jóvenes, tímidos y afables. A través de delicadas melodías nos contagiaban sus ideas, sus sentimientos, su sensibilidad, su buen gusto. Las otras dos canciones del EP no resultan menos sugestivas: desde los coros rítmicos de "Por la noche" a la contundencia y la brevedad nostálgica de "Ensayo Nº 3". 

 

Aunque solo con estos dos EPs ya teníamos a Niza guardados en el corazón, lo mejor estaba por llegar. Su primer LP, "Canciones de temporada" (2002), salió más tarde de lo esperado y creó mucha expectación entre los que lo aguardábamos con impaciencia. Particularmente, sorprendió por la mayor confianza con que el dúo afrontaba sus posibilidades. Silvia cantaba mejor que nunca y las influencias de Jeanette o Saint Ettiene se reforzaban con estilosas bases rítmicas y guiños a Jobim. También la incorporación de otros instrumentos (sobre todo de cuerda o violines) y de bases electrónicas, siempre dosificadas y aportadas en el momento justo, impregnaban de matices unas melodías tan sencillas como elegantes. Las letras, sugerentes y evocadoras, suscitaban antiguos amores, nuevos desamores, citas entre amigos, portales, despedidas y todo tipo de escenas cotidianas, enmarcadas en confusas y contradictorias espirales de sentimientos.


El álbum acentuaba las dos caras de Niza: por un lado, canciones llenas de energía positiva y primaveral (como la citada "Amor cúbico" o el single "Parasol", así como los entretiempos "Inés" e "Isolée"); y, por otro lado, la melancolía otoñal y la depresión suave presentes en esas maravillas tristes que constituyen "Septiembre", "Tan frágil" y, por supuesto, la posiblemente mejor canción del disco: "Universo", que destaca por su contraste entre la sensualidad envolvente de las programaciones electrónicas y la sobriedad de la letra. Asimismo, los "Solsticios de verano e invierno" incrementaban el misterio y la profundidad nada pretenciosa del dúo, inmerso en la belleza de lo pequeño y en el encanto seductor de la melancolía. 

 
  
Veamos estas dos caras en "Parasol", uno de los pocos videoclips del grupo:

 
Y en "Septiembre":

 
Durante y después de todo esto, el que aquí escribe tuvo la suerte de asistir a dos de sus conciertos: uno fue en la sala Siroco, donde Niza compartía escenario con Gasca y Ellos; el otro se celebró en la FNAC de Madrid, en un ambiente íntimo y poco concurrido donde todos quedamos maravillados por la mezcla de sonido perfecto y concentración espacial. El primero me trae muchos recuerdos por lo bien que sonaron, la belleza de las canciones, lo bonito y sencillo de la puesta en escena, el lugar en el que ocurrió todo y los amigos que me acompañaron. El segundo es quizá el concierto favorito de mi vida: la compañía era inmejorable, como lo era el hecho de que la actuación se ofreciera gratuitamente. Esta dichosa eventualidad sirve de metáfora de su música. Niza son un regalo, un don. Fue una suerte inmensa tenerlos cerca. Después del concierto hablé con ellos y me fascinó su personalidad. El evento desplegó el símbolo hermosísimo de lo esencial: la guitarra de Roberto, la voz de Silvia y unas bases pregrabadas bastaron para construir lo inolvidable.

Más tarde, me apunté al foro del dúo en yahoogroups y poco a poco fui adentrándome más en su espíritu. También guardo otros muchos momentos: el concierto que dieron en Radio 3, el cual mi mejor amigo y yo vimos una noche en la televisión de su casa; las sencillas entrevistas que concedieron en distintas publicaciones; los reportajes que impresionaban por la belleza y elegancia de las fotos; los artículos en inglés, en francés o en japonés... Y más momentos: cuando puse algunas de sus canciones en una exposición para un curso de francés en la Universidad, donde hablé de la influencia de la música francesa en grupos como Niza, Les Très Bien Ensemble o Entre Ríos; o cuando me entrevistaron en la radio como poeta y me despedí con la maravillosa versión que hacen de "Dame estrellas o limones", de Family:


No es la única versión célebre del dúo. "El muchacho de los ojos tristes", de Jeanette, nos recuerda a quién nos trae a la memoria la voz de Silvia:

 
Entre las rarezas de Niza, destacamos la nostálgica "Radio star": 


Y, especialmente, "Jamás te he olvidado", canción definitiva y apuesta total por el pop electrónico que anunciaba la potencialidad ilimitada del dúo y uno de los probables caminos que podrían haber tomado si siguieran en activo:   


Tantos momentos y tan intensos nos regalaron Niza en tan poco tiempo que nunca estaremos suficientemente agradecidos por su música y su estética. Poca gente sabe el entusiasmo con que acogieron sus canciones los jóvenes coreanos cuando surgió la oportunidad de presentarlas en clase en una universidad de Corea del Sur. Es cierto que fueron a Japón con el dúo ya disuelto, cuando surgió la ocasión de distribuir sus discos en estos países asiáticos; pero también estuvieron a punto de ir a Corea en 2006. Al final no se concretó y en su lugar fueron La Casa Azul y Corazón

 
 
Cuando llegó la despedida del grupo, nos sentimos muy vacíos. Quedó una espinita clavada, especialmente para los que soñábamos con verlos una vez más en disco o en directo. Costaba asimilar que nunca más iban a publicar álbums, que su foro dejaba prácticamente de funcionar, que el sueño había sido tan breve. Sin embargo, el tiempo nos dice que pasó lo que tenía que pasar. Niza nació para dejarnos con la sensación maravillosa y nostálgica de tener ganas de más. Esto se adapta exactamente al concepto evocador de su música. Una carrera breve, pero perfecta. Bien mirado, constituyeron un oasis inolvidable de pop, una esencia única de vibraciones y sentimientos, un frasco justo y humilde de sensibilidad. Traspasaron fronteras, sobre todo emocionales, y vendieron millones de discos en nuestros corazones. Existieron, existen y nunca habrá nadie como ellos. 

 
Aquí tenemos una excelente compilación de la biografía, la historia y la discografía del dúo.

Y aquí otro interesante resumen de su trayectoria.
 
Silvia se casó con Guille Milkyway, el alma y el corazón de La Casa Azul. No ha vuelto a componer canciones, que nosotros sepamos, pero colabora con sus dulces coros en algunos conciertos o composiciones de su marido. Un ejemplo lo tenemos en la canción "Invítame a bailar", de 2009:

 
La pareja tiene al menos dos hijos.
 
El nuevo grupo de Roberto se llama Uke y destaca por la experimentación de sonidos. Se trata también de un dúo, si bien en esta ocasión lo forma con su pareja Laura Soriano. 

Aquí podemos ver una actuación en directo de Uke, también de 2009.



Y aquí podemos escuchar un precioso instrumental de 2010.


En esta completísima entrevista, donde se dan detalles tanto de Niza como del actual proyecto de Roberto, podemos saber que Uke está instalado en Valencia.
 
Niza es un grupo histórico. Su música no se ha olvidado, la crítica actual los reivindica cada vez más y han influido a muchos grupos jóvenes, tanto musical como estéticamente. Entre ellos, podemos mencionar a Band à part o a Papa Topo:


 
Nos despedimos como creemos que finalizarían ellos este breve paseo por su trayectoria, con la versión acústica de "Universo", una de sus canciones más celebradas:


Gracias por todo, Niza. Nos vimos en el futuro.

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