martes, 15 de septiembre de 2015

Ángel Garó. La U del humor. Por Amebaboy.



Es posible interpretar a varios personajes sin necesidad de cambiarse de atuendo. Se puede vestir de negro y representar la soledad y el silencio con un agudo sentido del humor. Habrá quien salga de un biombo, cante sevillanas japonesas, cree una familia de la nada y evoque la emotividad de Lorca con elegante estilo y gomina punteada. No es inconcebible imaginar a un hombre que conjugue lo cotidiano con lo abstracto o lo culto con lo popular y sea a la vez naif y sarcástico, tierno y cruel, tímido e histriónico, bailarín y modelo, poeta y actor. Quién más quien menos cuenta con una personalidad propia, configura decenas de personalidades y aún así resulta un auténtico desconocido por el misterio que desprende. Pero no es fácil.
 
 
Ángel Garó nació el 12 de enero de 1965 en La Línea de la Concepción (Cádiz). Desde muy joven dedicó su vida al teatro y al arte. Fue becado por Cristina Rota para completar su formación dramática en Madrid y pronto demostró que su delicado acento andaluz combinaba bien con el glamour y la profundidad de sentimientos.

En la televisión debutó en el programa ¿Pero esto qué es?, donde imitó a Lola Flores y presentó a Chicago Mipeo, "el japonés de oro", precedente de Chikito Nakatone. Veamos esta primerísima actuación, con fecha del 7 de julio de 1989:

 
Su salto a una fama sin precedentes en España lo dio con los entrañables personajes que interpretó en Un, dos, tres... responda otra vez, a principios de los años noventa. Su primera aparición en el programa vino de la mano de dos hermanos antagónicos y complementarios: el buenazo malote de Pepe Itárburi y el dotadísimo de gracia Juan de la Cosa, ingenuo y travieso a un tiempo. 

 
 
No es casualidad que el regalo que Ángel Garó dejó a los concursantes en esta primera actuación fuera un ejemplar de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, poeta andaluz con quien comparte sensibilidad y afinidades estéticas. 

Un poco más tarde vino Chikito Nakatone, japonés agudísimo cuya forma de ver el mundo en realidad estereotipaba muchos de los prejuicios que los españoles teníamos -y tenemos aún- ante lo desconocido:


Y cómo olvidar a la madre de los tres hermanos, la sin par Maruja Jarrón, conservadora para lo que le interesaba y crítica feroz  de la sociedad:


 El quinto personaje era Madame Pisset, quien solo tuvo una intervención en el programa. Se trataba de una estricta niñera británica que cuidaba a un muñeco con forma de bebé, al que dispensaba tratos menos amables de los que supuestamente merecía. 


La imitación de personalidades famosas era lo que más se estilaba en el humor de la época, sobre todo en televisión. Sin disfraz y sin imitar a nadie, Garó destacaba por crear personajes absolutamente identificables con solo mirarlos durante un segundo. Sin necesidad de caracterización, salvo unas gafas negras para Maruja Jarrón y otras blancas para Madame Pisset, un hombre de negro bastó para calar en el corazón de millones de espectadores. Modernísimo en su momento -mejor dicho, atemporal-, obtuvo un éxito popular extraordinario que se refleja en la ya mítica primera presentación formal del actor ante su público. Sin el apoyo de sus personajes, resulta inolvidable su última aparición en el programa final de la séptima etapa del Un, dos, tres... Sus palabras sonaban a despedida y, en cierto modo, supusieron un punto de inflexión en su carrera:

 
Su fama era tan grande que Martes y 13, referencia del humor en España, no se resistió a realizarle una entrañable parodia. Notemos lo difícil que es imitar a una persona única y de gracia singular, pues ni siquiera el brillante Millán Salcedo consiguió captar el personalísimo estilo de Ángel:

 
Después llegó el espectáculo teatral "Personas humanas" (1994), con el que emprendió una gira por diferentes lugares de España. Sin restricciones de ningún tipo, Garó pudo dar rienda suelta a su fértil imaginación y mostrar a personajes difíciles que no habían salido en Un, dos, tres..., como el sutil rapsoda Antonio Cierva. El actor estaba en la cresta de la ola y fascinaba a todo aquel que anhelase imposibles y buscara verdades. Merece la pena revisar el espectáculo de cabo a rabo, tanto para comprender mejor aquella época como para interpretar nuestro presente desde el punto de vista de un artista lúcido y adelantado a su tiempo:

 
La obra "Personas humanas" se reprodujo en la televisión, de modo que los que no pudimos disfrutar del espectáculo en directo no nos perdiéramos la ocasión de reír y llorar al mismo tiempo, de divertirnos verdaderamente. Pocas veces la poesía había estado tan cerca del humor; menos veces aún el arte total se había concentrado tan bellamente en una sola persona. Dada su juventud, daba la impresión de que aquel deslumbramiento que vivimos sería solo el principio de una mayor continuidad, la promesa de que lo que habíamos visto hasta ese momento en el Un, dos, tres... nos sabría a poco. Sin embargo, esta obra acabó volviéndose la culminación de una etapa y el inicio de la incomprensión que a la postre se sucedería. España no estaba preparada para una visión tan mordaz de la sociedad ni para una forma tan personal de afrontar el arte.


No es muy conocido el hecho de que Ángel Garó intervino en De tú a tú, programa de Nieves Herrero, pero muchos recuerdan sus actuaciones en El semáforo (1996), dirigido por su impulsador Chicho Ibáñez Serrador. No obstante, su popularidad fue decreciendo. Como si lo excepcionalmente bueno estuviera maldito, el éxito masivo se fue convirtiendo en apariciones cada vez más esporádicas en diferentes programas de televisión, en especial de cadenas autonómicas. Entre sus personajes destacará a partir de entonces la dicharachera Maruchi, con la que Garó salía a los escenarios apoyado por su hermana Olga, una actriz que trabaja en exclusiva para él y que suele interpretar a una ingenua alemana que lo complementa a la perfección y da color a sus escenas:

 
Entre otras muchas apariciones estelares en televisión, podemos recordar sus divertidos sketchs en Noche de fiesta (2002), acompañado de Olga:

  
O su participación en el programa Mira quién baila en 2005, donde mostró una gran elegancia y sutileza a la hora de bailar:


Más controvertida, pero no menos brillante, resultó su participación en el programa El hormiguero en 2009:

 
 
Y absolutamente genial resulta esta representación en El destornillador (¿2012?):

 
El siglo XXI ha visto como Ángel Garó se ha dedicado sobre todo al teatro, tanto en el papel de director (en la obra ¿Y aquí como se empieza?, 2001) como de actor. 


En 2009 fue célebre su actuación en la obra del teatro Como te mueras, te mato, donde hacía de mujer:

 

En una entrevista fechada en 2013, con motivo de su vuelta a las tablas con su espectáculo En esencia, aseguró que en la actualidad apenas aparece en televisión porque tan sólo le ofrecen participar en realitys. Esto habla de los problemas de la televisión actual, donde el talento y la originalidad quedan relegados a favor de formatos estereotipados que poco tienen que ver con lo artístico:

Veamos un fragmento de su reciente show En Esencia, donde se aprecia que su capacidad analítica y subversiva sigue tan intacta como su querencia por lo popular y el acerbo andaluz:


En TVE1, para celebrar el año 2014, Garó demostró que su humor nunca pasa de moda y que está en plena forma. Sin embargo, creemos que quizá brilla más cuando deja un poco de lado a sus antiguos personajes y cuenta nuevas historias sin recurrir a la nostalgia que tanto le pide gran parte de su público. En todo caso, sus admiradores debemos agradecerle que nunca nos haya traicionado y nos siga dando escenas tan exquisitas como esta:



Ángel Garó no ha parado de trabajar a pesar de pasar mucho tiempo alejado de los focos. Una de sus facetas más curiosas la desarrolló como regente de un restaurante-museo en Málaga, llamado La casa del Ángel

 
Como coleccionista de arte, posee una gran corpus pictórico y escultórico de obras que van desde el siglo XV hasta la actualidad. En 2010, propuso exponer su colección de arte en su tierra natal.

Y ha cedido gratuitamente, durante cinco años, gran parte de su colección a La casa de la Juventud de Estepona (Málaga).

Actor consumado e incisivo poeta, Ángel Garó es sobre todo un artista en su máxima expresión. Como doblador, ha aparecido en el Libro Guinness de los Récords por doblar a los 32 personajes de FernGully: Las aventuras de Zak y Crysta (1992).

 
  
En esta web se ofrece un extraordinario resumen de su trayectoria.

Y esta página también es muy interesante al respecto.

En cuanto a su currículum profesional, este enlace detalla varios de sus logros.

Como los ángeles, podemos decir que Garó es irrepetible. Al ser tan único, no es fácil encontrar influencias directas de su estilo. Acaso su herencia resulta ligeramente perceptible en un humorista  joven como Dani Rovira.



En 2015 ha cumplido 50 años y sus fans le han hecho un homenaje con un emotivo vídeo en el que aparecen sus amigos y otros famosos vinculados a su vida y a su carrera, como María Abradelo, Agustín Bravo, Jacqueline de la Vega o Nieves Herrero. Quizá la mejor forma de cerrar este pequeño homenaje a Ángel Garó sea ver el vídeo mencionado, donde se resume con las palabras de sus seres queridos el gran legado de momentos maravillosos que el artista ha dejado y seguirá dejando en nuestra memoria.

3 comentarios:

  1. Qué bueno este resumen de Ángel Garó. Me acuerdo de verlo en el un dos tres con mi abuela, y ella, que tenía un ojo clínico con los artistas me decía que lo que hacía este hombre era "muy original". No hay forma mejor de describirlo, con los años me quito el sombrero por un artista que desde luego arriesgó y ha hecho cosas totalmente adelantadas a su tiempo y a años luz del humor que se destilaba en el país.

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  2. Maravillosa entrada. Enhorabuena!
    Se lo paso a Ángel Garó ahora mismo. Seguro que le gusta.
    Ahora mismo y desde hace años, imparte clases magistrales de teatro, esta vez en Málaga. Es una faceta suya que le apasiona.

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  3. Una cosa, los de undostres web, a cuyo enlace nos remites, dicen que se llama Ángel González González. Un error como una catedral.

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